La batalla entre la inteligencia artificial y la creatividad humana acaba de entrar en una nueva fase. Un juez federal de Estados Unidos autorizó que la demanda presentada por George R.R. Martin —autor de Juego de Tronos— contra OpenAI siga su curso, al considerar que existen fundamentos suficientes para investigar una presunta violación a los derechos de autor.
La decisión, emitida por el juez Sidney Stein del Tribunal Federal de Manhattan, establece que OpenAI podría haber utilizado las obras de Martin y otros escritores reconocidos para entrenar a ChatGPT sin su consentimiento. El caso representa uno de los procesos legales más importantes hasta ahora sobre los límites del “uso legítimo” de material protegido en la era de la inteligencia artificial.
El origen de la demanda: escritores contra la IA
El conflicto comenzó en septiembre de 2023, cuando George R.R. Martin, junto con autores como John Grisham, Jonathan Franzen, Jodi Picoult y George Saunders, demandaron a OpenAI por presuntamente haber usado sus obras literarias como parte del conjunto de datos de entrenamiento de ChatGPT.
El grupo fue representado por el Gremio de Autores de Estados Unidos (Authors Guild), que acusó a la compañía tecnológica de violar derechos de propiedad intelectual a gran escala. Según la demanda, las novelas de estos escritores fueron procesadas sin autorización, con el fin de mejorar la capacidad del modelo para generar textos literarios complejos.
En aquel momento, OpenAI respondió con cautela y aseguró estar “manteniendo conversaciones productivas” con distintos creadores. Sam Altman, director ejecutivo de la empresa, afirmó que buscaban “formas mutuamente beneficiosas de colaboración” y que la compañía respetaba los derechos de autor.
ChatGPT escribió una secuela de ‘Tormenta de Espadas’
La demanda cobró fuerza cuando los abogados de los escritores presentaron un experimento como prueba. Solicitaron a ChatGPT que imaginara una continuación de Choque de Reyes (segundo libro de Canción de hielo y fuego) sin replicar directamente Tormenta de Espadas. El modelo respondió creando una historia llamada Danza de Sombras, en la que aparecían nuevos personajes, una facción rebelde y una rama desconocida de los Targaryen.
El resultado convenció al juez Stein de que la inteligencia artificial poseía conocimiento profundo de las obras de Martin, lo que implicaba que el modelo había sido entrenado con material protegido.
“Un jurado razonable podría concluir que los trabajos supuestamente infractores son sustancialmente similares a las obras de los demandantes”, señaló el juez en su resolución.
El documento judicial considera que los ejemplos aportados por los demandantes muestran “una comprensión narrativa y estilística demasiado específica para ser casual”.
El debate sobre el “uso legítimo”
A pesar del fallo inicial, el proceso apenas comienza. El tribunal deberá determinar si el uso de textos con derechos de autor para entrenar modelos de inteligencia artificial puede considerarse “uso legítimo” (fair use), una figura que permite el empleo de material protegido sin permiso directo del autor, siempre que sea con fines educativos, de investigación o paródicos.
Sin embargo, el caso de ChatGPT plantea un desafío sin precedentes: la IA no solo estudia las obras, sino que puede reproducir su estilo, tono y estructura, generando nuevas obras derivadas. Si los tribunales fallan a favor de los autores, el impacto podría redefinir los estándares de entrenamiento de modelos de lenguaje en todo el mundo.
Hollywood y los creadores, en pie de guerra contra la IA
El caso de George R.R. Martin se suma a una serie de disputas recientes entre el sector creativo y las empresas tecnológicas. OpenAI ha enfrentado críticas similares por parte de actores y sindicatos de Hollywood, quienes denuncian el uso indebido de sus voces e imágenes en modelos generativos como Sora 2, capaz de producir videos realistas a partir de texto.
Actores como Bryan Cranston han llevado el tema ante SAG-AFTRA, el sindicato de intérpretes, exigiendo regulaciones claras sobre el uso de la imagen y la voz digital. Tras las protestas, OpenAI anunció limitaciones a su modelo para evitar la recreación no autorizada de celebridades.
Un precedente que marcará a toda la industria
Ni George R.R. Martin ni OpenAI han emitido declaraciones tras la decisión judicial, pero el impacto del fallo podría extenderse más allá de la literatura. El veredicto final sentará un precedente para definir hasta dónde puede llegar una inteligencia artificial que aprende de millones de textos humanos.
Por ahora, el caso avanza como uno de los más relevantes de la década en materia de ética tecnológica y propiedad intelectual, una disputa que plantea una pregunta fundamental:
¿puede una máquina inspirarse en la imaginación humana sin robarla?